- Chicas, ayudadnos por favor. -Dijo mi madre pasando con Frederick cargada de bolsas.- Id al coche e id pasando las bolsas que podáis. - Sí, ya vamos. -Dijimos ambas a la vez saliendo al coche a por las bolsas como nos había dicho. Sin embargo, cuando iba a pasar, me choqué contra alguien e hizo que se me cayeran las bolsas que tenía en las manos y que todo lo que había en su interior se esparciera por la acera.- ¡Ey, cuidado!
- Lo... lo siento mucho. -Dijo un muchacho recogiendo las bolsas que se me habían caído, entregándomelas de nuevo.-
- Ya no importa. Gracias por recogerme las bolsas, por cierto. -Cogí las bolsas que él me había recogido.-
- ¡Pero mira que eres torpe, idiota! -Dijo una muchacha acercándose riendo.- Hola soy Stella. -Me tendió la mano sonriente y se la cogí.- Y éste gran patoso de aquí con el cual has chocado es Isaac.
- Yo soy Jane. -Les sonreí.-
Stella era bastante guapa. Tenía un rubio en el pelo que parecía oro, le llevaba ondulado. Era más o menos de mi estatura. Isaac era un chico atractivo, tenía el pelo castaño y un tanto alborotado.
- Tú no eres de por aquí, ¿cierto? -Preguntó Stella.-
- No, yo soy de España.
- Ya se notaba en tu acento que el alemán no es tu lengua materna.- se rió Stella.- Pero eh, tu acento es una monada.- y le devolví la sonrisa.-
- ¿Y qué haces en Hamburgo? -Preguntó esta vez Isaac.-
- Vacaciones, unas largas vacaciones.
- ¿Y es la primera vez que vienes?
- Sí, la verdad que sí.
- ¡Entonces será mejor que te enseñemos el lugar! -Dijo entusiasmada Stella dando palmitas y saltitos sonriendo.- Esta tarde vendremos a por ti a las seis, ¿vale? Venga, hasta entonces, adiós Jane. -Se fueron y me dejaron con la palabra en la boca. Que confianza cogieron enseguida, pero se les ve muy majos. Les tendría que haber preguntado si se podía venir Sally también. En fin, luego se lo preguntare.-
- ¡JANE! ¡Date prisas y entra a casa de una vez! -Gritó mi madre desde adentro, y no tuve otra opción más que pasar y dejé las bolsas en la cocina. Luego subí a mi habitación en la cual ya se encontraba Sally.-
- Me encanta esta habitación, ¿sabes? Es grande y tiene unas camas super cómodas. -Se tumbó sobre una de las camas, acomodándose y cerrando los ojos.-
- No me digas que piensas dormir. -Reí levemente.-
- Por supuesto que no. Solo quiero relajarme un rato.
- Ya claro. -Reí.- Oye por cierto, antes conocí a dos muchachos bastante majos. Dijeron que querían enseñarme la ciudad. ¿Quieres venirte? -Me senté sobre mi cama.-
- No sé... Te invitaron a ti, no a mí.
- No pasa nada, yo les pregunto y ya. Puede que no les importe.
- ¿Y cómo se llaman?
- Stella e Isaac. -Contesté tumbándome sobre la cama.- Vendrán a las seis.
- Aún es pronto, son nada más que las tres de la tarde, yo dormiré un poco. -Ella fue cerrando sus ojos hasta caer en sueños, y yo hice lo mismo.-
[---]
Ding dong. Tocaban a la puerta, supuse que serían Stella e Isaac. Fui a abrir, y sí, eran ellos.
- ¡Hola! -Sonreí invitándolos a pasar.-
- Que casa tan bonita. -Dijo Stella mirando a su alrededor y sólo sonreí.-
- Hola. -Saludó Sally bajando las escaleras.-
- Hey. -Saludaron Isaac y Stella a la vez.-
- Ehm, Stella; Isaac, ¿os importa que me lleve a Sally? Es una amiga mía.
- ¡Claro, que se venga, cuantos más mejor! -Sonrió Stella.-
- Bien, pues vámonos.
Salimos y dejamos que Isaac y Stella nos guiasen, nosotras no sabíamos a dónde podríamos ir. Ellos nos dijeron que nos enseñarían la ciudad, y lo hicieron. Hamburgo es una preciosa ciudad, vimos muchas cosas. Y luego de una larga caminata de aquí y allá nos sentamos en una terraza en donde vendían unos helados.
- Estoy muerta, he andado demasiado. -Dijo Sally.-
- Tú es que tienes poco aguante. -La contesté.-
- Déjame. -Sally miró hacia la puerta en donde se pedían los helados.- Eh, mira a aquellos dos. -Dijo ella mirándolos atentamente.-
Me giré y entonces los vi. Dos chicos aparentemente muy altos con un aura bastante misteriosa.
Uno de ellos llevaba una ropa que parecía ser dos o tres tallas más grandes que él, con trenzas de color negro y llevaba unas gafas de sol negras que tapaban sus ojos. El otro muchacho era muy distinto al otro. De aspecto andrógino: él no llevaba la misma ropa que su acompañante; él la llevaba "normal". Llevaba un cresta y su cabello era color negro, y también llevaba unas gafas de sol negras que cubrían sus ojos.
- ¿Quiénes son? -Pregunté intrigada a Stella.-
- Los gemelos Kaulitz. -Contestó mirándolos de reojo.-
- ¿Gemelos? -Pregunté asombrada. Yo no les veía el parecido.- Yo no veo que se parezcan mucho.
- Lo sé, es que tienen distintos gustos, pero los mismos rasgos.
- Oh. ¿Y cómo se llaman?
- Thomas y William Kaulitz, pero todo el mundo les conoce como Tom y Bill. Tom es el de las ropas tres tallas más que él, y Bill el que parece gótico.
- ¿Has hablado antes con ellos? -Pregunté mirando a Stella.-
- No, nunca. De echo... ellos no hablan con nadie, no se relacionan. Los ves en muchos sitios, pero nunca los verás hablando con alguien que no sea de su... familia, por llamarlo de alguna manera.
- ¿A qué te refieres? No comprendo.
- Haber, ellos dos viven con más gente que supuestamente es su familia. Haber te lo explico desde el principio mejor. Hace un año o así, vinieron un grupo de siete personas, cinco hombres y dos mujeres. Ellos decían ser la familia Drescher, pero nadie les creía. Entonces el alcalde de aquí quiso hablar con ellos. Ellos admitieron que no eran familia del todo. Solo seis de ellos estaban aparentados. Y milagrosamente convencieron al alcalde de que podían firmar como la familia Drescher. ¿Comprendes ya?
- Creo que sí. -Respondí no muy segura.-
- Pero desde que ellos aparecieron no paran de suceder cosas extrañas. -Contó Isaac.-
- ¿Cómo que cosas extrañas? -Preguntó Sally.-
- Desde que ellos aparecieron no para de desaparecer gente, incluso algunas han aparecido muertas en las calles o en sus propias casas. Hay muchísima gente que sospecha que ellos pueden estar detrás de todo esto. La policía les preguntó pero ellos lo niegan una y otra vez, aseguran que en su vida han matado a alguien, y que jamás lo harían. También dicen que son vegetarianos los siete, pero... no sé.
- Bueno, ya, pidamos unos helados o una botella de agua. De lo contrario moriré de deshidratación. -Dijo Stella.-
- Sí, vamos. Contesté.-
[---]
- Buenas noches chicas. -Mi madre cerró la puerta de la habitación y se fue, dejándonos a Sally y a mí solas. Era tarde y nos íbamos a dormir.-
- Que sueño tengo. -Dijo Sally en voz baja acomodándose en su cama.-
- Ya ves. -Cerré los ojos y se me vino la imagen de aquellos dos chicos que vimos esta tarde, eran tan misteriosos. Pero el que parecía gótico... Bill creo que se llamaba, me pareció muy atractivo... Quisiera volver a verle.- Sally... ¿no te intrigan un poco los dos chicos que vimos esta tarde? -Pregunté en voz baja.-
- Bueno... no sé. Un poco, la verdad.
- Me gustaría volver a verlos, no sé por qué.
- Si viven aquí y sales mucho, a lo mejor les vemos otra vez. Pero no le des vueltas al asunto, ahora duerme, que mañana seguramente sea un día largo.
Al cabo de un rato, caí dormida.
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- Jane Dunkel
- Soy Jane Dunkel; escribo novelas que no lee nadie y que tienen menos sentido que los perros bailando el chachachá, pero aún así me empeño en escribir todo lo que mi cabeza alberga.
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