Capítulo 4 - Isaac & Stella

- Chicas, ayudadnos por favor. -Dijo mi madre pasando con Frederick cargada de bolsas.- Id al coche e id pasando las bolsas que podáis. - Sí, ya vamos.  -Dijimos ambas a la vez saliendo al coche a por las bolsas como nos había dicho. Sin embargo, cuando iba a pasar, me choqué contra alguien e hizo que se me cayeran las bolsas que tenía en las manos y que todo lo que había en su interior se esparciera por la acera.- ¡Ey, cuidado!
- Lo... lo siento mucho. -Dijo un muchacho recogiendo las bolsas que se me habían caído, entregándomelas de nuevo.- 
- Ya no importa. Gracias por recogerme las bolsas, por cierto. -Cogí las bolsas que él me había recogido.-
- ¡Pero mira que eres torpe, idiota! -Dijo una muchacha acercándose riendo.- Hola soy Stella. -Me tendió la mano sonriente y se la cogí.- Y éste gran patoso de aquí con el cual has chocado es Isaac.
- Yo soy Jane. -Les sonreí.-
Stella era bastante guapa. Tenía un rubio en el pelo que parecía oro, le llevaba ondulado. Era más o menos de mi estatura. Isaac era un chico atractivo, tenía el pelo castaño y un tanto alborotado. 
- Tú no eres de por aquí, ¿cierto? -Preguntó Stella.-
- No, yo soy de España.
- Ya se notaba en tu acento que el alemán no es tu lengua materna.- se rió Stella.- Pero eh, tu acento es una monada.- y le devolví la sonrisa.-
- ¿Y qué haces en Hamburgo? -Preguntó esta vez Isaac.-
- Vacaciones, unas largas vacaciones. 
- ¿Y es la primera vez que vienes? 
- Sí, la verdad que sí.
- ¡Entonces será mejor que te enseñemos el lugar! -Dijo entusiasmada Stella dando palmitas y saltitos sonriendo.- Esta tarde vendremos a por ti a las seis, ¿vale? Venga, hasta entonces, adiós Jane. -Se fueron y me dejaron con la palabra en la boca. Que confianza cogieron enseguida, pero se les ve muy majos. Les tendría que haber preguntado si se podía venir Sally también. En fin, luego se lo preguntare.- 
- ¡JANE! ¡Date prisas y entra a casa de una vez! -Gritó mi madre desde adentro, y no tuve otra opción más que pasar y dejé las bolsas en la cocina. Luego subí a mi habitación en la cual ya se encontraba Sally.- 
- Me encanta esta habitación, ¿sabes? Es grande y tiene unas camas super cómodas. -Se tumbó sobre una de las camas, acomodándose y cerrando los ojos.-
- No me digas que piensas dormir. -Reí levemente.-
- Por supuesto que no. Solo quiero relajarme un rato. 
- Ya claro. -Reí.- Oye por cierto, antes conocí a dos muchachos bastante majos. Dijeron que querían enseñarme la ciudad. ¿Quieres venirte? -Me senté sobre mi cama.-
- No sé... Te invitaron a ti, no a mí.
- No pasa nada, yo les pregunto y ya. Puede que no les importe. 
- ¿Y cómo se llaman?
- Stella e Isaac. -Contesté tumbándome sobre la cama.- Vendrán a las seis.
- Aún es pronto, son nada más que las tres de la tarde, yo dormiré un poco. -Ella fue cerrando sus ojos hasta caer en sueños, y yo hice lo mismo.-


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Ding dong. Tocaban a la puerta, supuse que serían Stella e Isaac. Fui a abrir, y sí, eran ellos.
- ¡Hola! -Sonreí invitándolos a pasar.-
- Que casa tan bonita. -Dijo Stella mirando a su alrededor y sólo sonreí.-
- Hola. -Saludó Sally bajando las escaleras.-
- Hey. -Saludaron Isaac y Stella a la vez.-
- Ehm, Stella; Isaac, ¿os importa que me lleve a Sally? Es una amiga mía. 
- ¡Claro, que se venga, cuantos más mejor! -Sonrió Stella.- 
- Bien, pues vámonos. 
Salimos y dejamos que Isaac y Stella nos guiasen, nosotras no sabíamos a dónde podríamos ir. Ellos nos dijeron que nos enseñarían la ciudad, y lo hicieron. Hamburgo es una preciosa ciudad, vimos muchas cosas. Y luego de una larga caminata de aquí y allá nos sentamos en una terraza en donde vendían unos helados. 
- Estoy muerta, he andado demasiado. -Dijo Sally.-
- Tú es que tienes poco aguante. -La contesté.- 
- Déjame. -Sally miró hacia la puerta en donde se pedían los helados.- Eh, mira a aquellos dos. -Dijo ella mirándolos atentamente.-
Me giré y entonces los vi. Dos chicos aparentemente muy altos con un aura bastante misteriosa. 
Uno de ellos llevaba una ropa que parecía ser dos o tres tallas más grandes que él, con trenzas de color negro y llevaba unas gafas de sol negras que tapaban sus ojos. El otro muchacho era muy distinto al otro. De aspecto andrógino: él no llevaba la misma ropa que su acompañante; él la llevaba "normal". Llevaba un cresta y su cabello era color negro, y también llevaba unas gafas de sol negras que cubrían sus ojos.
- ¿Quiénes son? -Pregunté intrigada a Stella.-
- Los gemelos Kaulitz. -Contestó mirándolos de reojo.-
- ¿Gemelos? -Pregunté asombrada. Yo no les veía el parecido.- Yo no veo que se parezcan mucho.
- Lo sé, es que tienen distintos gustos, pero los mismos rasgos.
- Oh. ¿Y cómo se llaman?
- Thomas y William Kaulitz, pero todo el mundo les conoce como Tom y Bill. Tom es el de las ropas tres tallas más que él, y Bill el que parece gótico. 
- ¿Has hablado antes con ellos? -Pregunté mirando a Stella.-
- No, nunca. De echo... ellos no hablan con nadie, no se relacionan. Los ves en muchos sitios, pero nunca los verás hablando con alguien que no sea de su... familia, por llamarlo de alguna manera.
- ¿A qué te refieres? No comprendo.
- Haber, ellos dos viven con más gente que supuestamente es su familia. Haber te lo explico desde el principio mejor. Hace un año o así, vinieron un grupo de siete personas, cinco hombres y dos mujeres. Ellos decían ser la familia Drescher, pero nadie les creía. Entonces el alcalde de aquí quiso hablar con ellos. Ellos admitieron que no eran familia del todo. Solo seis de ellos estaban aparentados. Y milagrosamente convencieron al alcalde de que podían firmar como la familia Drescher. ¿Comprendes ya?
- Creo que sí. -Respondí no muy segura.-
- Pero desde que ellos aparecieron no paran de suceder cosas extrañas. -Contó Isaac.-
- ¿Cómo que cosas extrañas? -Preguntó Sally.-
- Desde que ellos aparecieron no para de desaparecer gente, incluso algunas han aparecido muertas en las calles o en sus propias casas. Hay muchísima gente que sospecha que ellos pueden estar detrás de todo esto. La policía les preguntó pero ellos lo niegan una y otra vez, aseguran que en su vida han matado a alguien, y que jamás lo harían. También dicen que son vegetarianos los siete, pero... no sé.
- Bueno, ya, pidamos unos helados o una botella de agua. De lo contrario moriré de deshidratación. -Dijo Stella.-
- Sí, vamos. Contesté.-


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- Buenas noches chicas. -Mi madre cerró la puerta de la habitación y se fue, dejándonos a Sally y a mí solas. Era tarde y nos íbamos a dormir.-
- Que sueño tengo. -Dijo Sally en voz baja acomodándose en su cama.-
- Ya ves. -Cerré los ojos y se me vino la imagen de aquellos dos chicos que vimos esta tarde, eran tan misteriosos. Pero el que parecía gótico... Bill creo que se llamaba, me pareció muy atractivo... Quisiera volver a verle.- Sally... ¿no te intrigan un poco los dos chicos que vimos esta tarde? -Pregunté en voz baja.-
- Bueno... no sé. Un poco, la verdad.
- Me gustaría volver a verlos, no sé por qué.
- Si viven aquí y sales mucho, a lo mejor les vemos otra vez. Pero no le des vueltas al asunto, ahora duerme, que mañana seguramente sea un día largo. 
Al cabo de un rato, caí dormida.

Capítulo 3 - Con una condición.

- He cambiado de opinión, ¡quiero ir a Alemania con vosotros! –Dije sonriendo.- ¡Pero con una 
condición! Sally vendrá con nosotros.
- ¿Que yo qué? -Dijo Sally mirándome sorprendida.-
- Hija mía... me hace muy feliz que hayas decidido venirte a Alemania con nosotros, pero... ¿Sally tiene el dinero suficiente para pagarse el billete? Y es más... ¿le has preguntado si quiere venir acaso? -Preguntó mi madre.-
- No, no le pregunté. Un segundo. -Dije volteándome hacia Sally.- ¿Quieres venirte con nosotros a Alemania? 
- Pu-pues... es una buena oferta pero... no tengo dinero para pagarme el viaje la verdad. -Contestó ella.-
- ¡Pero eso no es problema! Frederick puede pagártelo.
- Hija pero que... -Pero Frederick no la dejó continuar la frase, y contestó él.-
- Sabes que para mí no es ningún problema el dinero, puedo pagarle a tu amiga el viaje. Además, solo le pagaría el billete de avión, ya que no nos alojaremos en un hotel. -Dijo Frederick mirándonos.-
- Entonces... ¿le pagarás el viaje a Sally? -Dijo mi madre mirando a Frederick.-
- Claro que sí. -Dijo él sonriente.- Pero necesito que tus padres te den autorización ya que estaremos unos seis meses o por hay en Alemania.
- Claro, enseguida llamo a mi madre haber que me dice. -Dijo Sally sacando su móvil.- Por cierto... muchas gracias señor.
- No tienes porque darlas. -Contestó sonriendo.- Ahora llama a tus padres.
- Sí. -Empezó a marcar el número de teléfono de su madre, y después de un rato dando vueltas hablando con su madre, colgaron y miró a Jane con una sonrisa en los labios.- ¡Me deja viajar con vosotros! -Dijo Sally abrazándome.-
- ¡Nos vamos a Alemania! -Gritamos las dos a coro.- 
- Será mejor que vayas haciendo tu maleta, Sally. -Dije.- Mañana iremos a por ti a las siete de la mañana, estate preparada. 
- Vale, entendido. -Dijo dándome un abrazo en señal de que ya se iba.- Adiós, hasta mañana, y... muchas gracias, de verdad. -Dijo sonriente mirándonos, para luego salir de mi casa para irse a la suya.- 
- Iré a hacer mis maletas. -Sonreí subiendo las escaleras.-
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Estábamos en el avión, ya de camino de Hamburgo. Sally estaba a mi lado, dormía como un tronco, pobrecita, debía estar realmente cansada, no está acostumbrada a levantarse tan temprano. Yo para no molestar me puse a escuchar música con mis cascos y... caí dormida yo también. 
Cuando me desperté estaba tumbada sobre una cama, no entiendo cómo había llegado a una cama si antes estaba en un avión. Me puse en pie y miré a mi alrededor, la habitación no era muy grande, pero tampoco era pequeña. Había dos camas. Salí de aquella habitación y fui hacia el salón, o al menos lo busqué, ya que no tenía ni idea de dónde estaba todavía. Pero por suerte me encontré a Sally. 
- Por fin despiertas. -Dijo Sally levantándose para dirigirse hacia mí, sonriente.-
- ¿Dónde se supone que estamos? 
- En Hamburgo. Llegamos hace ya un buen rato, pero tú te quedaste dormida y no había quien te despertase. Así que Frederick te trajo en brazos hasta la casa en la que ahora nos alojamos.
- ¿Me trajo en brazos? -Dije yo sorprendida despertándome por completo.- Espera un momento... ¿dónde está mi madre y Frederick?
- Salieron a comprar comida, la nevera está vacía y algo tendremos que cenar. -Aclaró ella, y entonces se sintió como se abría la puerta, ambas nos volteamos haber quién era. Eran Frederick y mi madre.- Y ya están aquí.
- Chicas, ayudadnos por favor. -Dijo mi madre pasando con Frederick cargada de bolsas.- Id al coche e ir pasando las bolsas que podáis. 
- Sí, ya vamos.  -Dijimos ambas a la vez saliendo al coche a por las bolsas como nos había dicho. Sin embargo, cuando iba a pasar, me choqué contra alguien e hizo que se me cayeran las bolsas que tenía en las manos y que todo lo que había en su interior se esparciera por la acera.- ¡Ey, cuidado!

Capítulo 2 - Simplemente; no.

- ¿Cómo que no quieres ir? –Preguntó mi madre mirándome.-
- Como que no quiero ir. –Contesté en tono frío y mi madre suspiró mirando a Frederick y siguió comiendo lo que le quedaba en el plato.-
Durante toda la cena hubo un silencio incomodo, los tres terminamos de comer y Frederick pidió la cuenta para ya largarnos de aquel horrible lugar.
- ¿Frederick viniste en coche, verdad? –Le preguntó mi madre mirándole.-
- No, en realidad vine andando.
- ¿Quieres venir conmigo a mi casa? Podrías dormir conmigo.
- Claro que sí. –Sonrió él.-
- Genial. –Pensé subiendo al asiento trasero del coche.-
Los tres fuimos sumamente callados durante el trayecto a casa, ya ni la música de la radio se escuchaba ya que mi madre la había quitado.
Cuando llegamos por fin a la casa, yo me fui directa a mi habitación y cogí mi móvil para enviarle un mensaje a Sally. “Ven mañana a mi casa a las 10:30 de la mañana por favor. <3” Envié. “Por supuesto, ahí estaré. :) Buenas noches. <3” Me respondió ella y dejé el móvil sobre la mesilla y me fui a poner el pijama para irme a dormir. No tenía mucho sueño, pero cerré los ojos hasta que el sueño me pudo.
A la mañana siguiente me levanté sobre las 09:00 de la mañana y fui a tomar una ducha de agua fría para despejarme. Luego de ducharme me vestí y fui a hacerme el desayuno. A las diez y media, justo como la dije, Sally vino a mi casa.
- Buenos días Sally. –Sonreí invitándola a pasar, cerrando después la puerta.-
- Buen día Jane. –Sonrió ella.-
- Ven, vámonos a mi habitación, que te quiero contar una cosa. –Dije subiendo las escaleras con ella.-
- Bien, dime. –Dijo sentándose en la cama.-
- Frederick y mi madre pretenden que yo vaya con ellos a Alemania.
- ¿A Alemania? Bualá. ¿Vas a ir?
- Ese es el caso, que yo no quiero ir. Me niego.
- ¿Pero por qué no? –Preguntó ella.-
- Porque… no sé, no me apetece ir con ellos a… -De repente en la cara se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja.-
- ¿Tuviste una idea verdad? Verás… -Dijo con un tono de preocupación, y yo seguía sin quitar mi sonrisa de oreja a oreja.-
- Ven conmigo. ¡Corre! –Dije cogiéndola de la mano echando a correr hasta el salón en donde estaban Frederick y mi madre.- ¡MAMÁ, FREDERICK! –Grité abriendo la puerta del salón de golpe.-
- Ay Jane no grites, que molesta eres cuando gritas. ¿Qué quieres? –Preguntó mi madre molesta mirándome mal.-
- He cambiado de opinión, ¡quiero ir a Alemania con vosotros! –Dije sonriendo.- ¡Pero con una condición! Sally vendrá con nosotros. 

Capítulo 1 - Una cena complicada.

[Narra Jane.]
Mientras mi madre conducía yo puse un CD del grupo que más me gustaba en este mundo; Green Day.
- Mamá, ¿por qué ahora a Frederic le dio por cenar en "familia"? 
- ¿Tanto te cuesta aceptar que Frederic quiere pasar tiempo con nosotras? Es normal que quiera hacer este tipo de cosas. Pasa mucho tiempo fuera y solo puede vernos cuando tiene tiempo libre que es bien poco. 
Yo no la contesté, me quedé en silencio y ambas fuimos calladas durante todo el camino. Después de seis minutos, llegamos al restaurante. Era un restaurante aparentemente grande y caro, y, evidentemente era para gente que tenía mucho dinero. 
Fuimos hacia la entrada y había un portero que vigilaba quién entraba y quién salía.
- ¿Tienen reserva en el restaurante? -Preguntó el portero, serio y firme.-
- Sí, tenemos una cena con el señor Frederic Rumsfeld.

- Bien, el señor Rumsfeld las está esperando dentro, por favor; pasen. –Dijo el portero dándonos paso para entrar.-
Mi madre y yo nos dirigimos hacia el interior del lujoso restaurante, y ahí vimos a Frederick, sentado en la silla, con sus brazos apoyados en la mesa y apoyando su cabeza sobre sus manos, con una gran expresión de aburrimiento en su rostro.
- Hola amor. –Saludó mi madre a Frederick apareciendo detrás de él, sonriendo, posando su mano sobre el hombre de Frederick, haciendo que éste se volteara a verla para luego levantarse, cambiando la expresión que tenía de aburrido a una sonrisa.-
- Hola cariño. –Respondió Frederick posando sus labios sobre los de mi madre, dejando en ellos un corto pero cariñoso beso.- Hola Jane. –Dijo sonriéndome.-
- Hey. –Contesté con un tono algo frio.-
Cada uno nos sentamos en las sillas y cogimos cada uno una carta para ver que queríamos pedir para comer. Luego de un rato que ya sabíamos que queríamos vino el camarero a tomar nota, retirándose cuando acabamos de pedirlo.
- Freddy… -Dijo mi madre llamando a Frederick, poniendo una voz de niña pequeña.-
- ¿Sí cariño mío? –Contestó el muy idiota sonriéndola.-
- Oh joder, terminaré vomitando la comida, y eso que aún no empezamos a comer. –Pensé yo para mis adentros.-
- ¿Qué es eso tan importante que querías decir? –Preguntó mi madre a Frederick.-
- Pues… Cuando nos traigan la comida te lo diré, ¿vale amor? –Sonrió él.-
- Vale amorcito. –Sonrió ella.-
Vomitaría, sí, vomitaría al ver tales escenas ante mí. No soportaba ver a mi madre y a su novio en plan romántico, me ponía mala.
Después de unos minutos eternos, por fin trajeron la condenada comida a la mesa y, como es evidente, empezamos a comer.
- Freddy, ya estamos comiendo, cuéntamelo por favor. –Insistió mi madre llevándose un trozo de comida a la boca.-
- Está bien cariño. –Dijo Frederick dejando el tenedor sobre su plato.- Pues verás… la empresa me obliga de nuevo a viajar, durante un larguísimo tiempo a otro país. –Dijo Frederick mientras a mi madre se le veía su tristeza asomarse en sus ojos al oírlo.- Pero… está vez no iré solo, voy a ir acompañado…
- ¿¡Qué?! ¿De quién se supone que vas a ir tú acompañado? –Preguntó mi madre empezando a ponerse nerviosa.-
- Pues de dos mujeres muy guapas, y las cuales sois vosotras dos. –Sonrió ampliamente mientras yo casi me ahogo con la comida al escucharlo.-
- ¿Contigo, nosotras? ¡Oh Dios mío, Frederick! Pero… ¿a dónde? –Preguntó curiosa.-
- A Hamburgo, en Alemania, dentro de dos días. –Contestó él.-
- ¡Pues claro que vamos! –Aceptó mi madre finalmente sin pensar en si yo quería ir o no.-
- Pues yo no pienso ir a Hamburgo, si quieres ir, vete tú solita con tu gran amor. –Dije mirando a mi madre a los ojos desafiante.-